Una colección de historias, anécdotas, reflexiones y chorradas varias sin más objetivo que entretener

lunes, 15 de abril de 2013

Pantomima

Me fastidia sobremanera cuando veo que pasan los días y no encuentro el momento de escribir por aquí. Sé que últimamente tengo razones para que eso sea así (no tengo casi acceso a un ordenador fuera del horario laboral y cuando estoy en el trabajo tengo bastante tarea que atender), pero eso no altera la molestia que me produce no publicar nuevos posts. La semana pasada uno de mis compañeros de departamento se encontraba fuera y, pese a que tenía un reemplazo temporal, las cosas a realizar no faltaron. Precisamente de lo que quiero hablar hoy aquí es de la no presencia de mi compañero durante la pasada semana.

Resulta que mi compañero, como la abrumadora mayoría de los que trabajamos en la empresa, es un subcontratado (con todo lo que ello conlleva y que ya comenté por aquí). Llevaba meses quejándose de la situación que tenía dentro de la consultora que le contrataba: sueldo bajo (aunque mayor que el mío, pese a tener menos experiencia laboral y un título universitario de menor valor), maltrato de la gerente (una gorda cuya manera de actuar profesionalmente daría para un libro), imposibilidad de crecimiento profesional a largo plazo (del corto o medio ni hablamos) y posibilidad de reducción de sueldo por la crisis (tiene narices que una consultora hable de estos temas cuando se lleva más de la mitad de lo que paga la empresa subcontratadora por el individuo). El caso es que mi compañero, se ha estado moviendo desde principio de año para cambiar de consultora, tanteando la posibilidad de cambiar también de puesto, pero siempre contemplando la idea de quedarse en el que está pero cobrando más. Al final consiguió que una de las carroñeras consultoras le hiciera una oferta que implicaba una subida de sueldo no muy elevada (unos dos mil euros anuales) y, pese a las dudas, optó por aceptarla. Pero había un problema, ya que las consultoras funcionan a través de cupos y de puestos que ganan con concursos, con lo que hacer lo que él quería era complicado. Tenía dos opciones: la discreción o la pantomima. Eligió esta última.

Según la RAE, en su segunda acepción, pantomima es:

2. f. Comedia, farsa, acción de fingir algo que no se siente.

Eso es exactamente lo que hizo mi compañero hace dos semanas, al montar un teatrillo de falso anuncio de marcha, lleno de palabras de despedida para todo el mundo, avisando a cualquiera que se le cruzara de que la siguiente semana se marcharía a otra empresa. Sin embargo cometió una serie de errores que dejaban entrever que pronto estaría de vuelta (comentarios cortados, emplazamientos futuros cuando técnicamente éstos no iban a producirse, y el mejor, decir que se iba a una empresa X que se encargaba de temas ferroviarios cuando X se encarga de tecnologías médicas). A mí me parece que ha jugado sus cartas en este tema francamente bien (perfecto, incluso) pero sólo hasta el momento de la marcha. Sin la infame pantomima que ha montado y que lo único que ha creado ha sido confusión y sensación de que todo era más falso que Judas (además de darnos más trabajo la semana pasada), todo habría estado mucho mejor.


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