Una colección de historias, anécdotas, reflexiones y chorradas varias sin más objetivo que entretener

sábado, 31 de enero de 2015

El triste adiós de Tarik

Ahora que las muestras de islamofobia y xenofobia en general están aflorando por doquier, principalmente por los atentados de integristas islámicos, me gustaría contar el caso de una persona de otro país, otra cultura y otra religión que vive en nuestra sociedad en perfecta armonía. Su nombre es Tarik. Tarik es un hombre marroquí de cuarenta y tantos años (quizá más, pero es lo que aparenta), casado con una española y que regenta una tienda en mi barrio que se llama Bab Nur. Se trata de una tienda pequeña, situada entre una óptica y un colmado que lleva un matrimonio de chinos, en la que se venden objetos de artesanía y artículos de decoración.

Tarik es afable y simpático, siempre dispuesto a charlar amigablemente con el cliente que se acerque a su establecimiento ya sea a comprar o simplemente a curiosear, pero sobre todo lo sientes cercano. Cuando entras en su tienda, gracias a él, tienes la sensación de estar en un lugar familiar, pese a lo exótico de los artículos de marroquinería, las lámparas de origen arabe, los artefactos de madera tallada o los curiosos espejos. Se trata de la misma cercanía que muestra con Leo, el joven vástago de la pareja de chinos que regenta la tienda de ultramarinos de al lado, que se mete en la tienda de Tarik a jugar con él porque sabe que tiene garantizadas las risas y el buen rato. Tarik es, por encima de cualquier cosa, un buen tipo, uno de esos de los que te alegras cuando te enteras de que las cosas le van bien y te entristece cuando les van mal.

A partir de mañana ya no habrá más tienda de Tarik en la que comprar cualquier original regalo, porque Tarik echa el cierre a su pequeño oasis. Desde que me enteré (a mediados de diciembre pasado), cada vez que lo pienso me embarga la tristeza, supongo porque, tras 14 años allí, se trata de un establecimiento que siento como si fuera casi de la familia. Dada la situación de liquidación de stock al 50% que puso el bueno de Tarik, los miembros de mi familia, acentúando una costumbre arraigada (la de ir a Tarik, como decíamos en mi casa, para comprar regalos), nos hemos intercambiado multitud de presentes venidos de allí, por ejemplo, a mí los Reyes me trajeron un puf y un espejo para mi casa. Es una pena, pero mañana el barrio estará más vacío, con un hueco imposible de llenar por el triste adiós de Tarik. Ojalá la vida le trate a él y a los suyos como se merecen. Va por ti, Tarik.


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